martes, 28 de abril de 2015

CREDENCIALES. ¿Y tú en qué crees?

A veces no basta con tener una marca personal o un producto, idea o servicio genuino para generar éxito.

No basta con hacer compaña de nosotros mismos o sobre algo que queramos vender para que nuestro público objetivo crea en nosotros y nos consuma de manera fiel por muy buenos que seamos o muy extraordinario que sea nuestro producto o mensaje. Para conseguir esa solidez que ofrece tener una clientela propia y fija tanto personal como profesionalmente, necesitamos lo que en marketing llamamos credenciales. Los credenciales no son más que ése amigo que nos recomienda resaltando nuestras mejores cualidades personales a la chica que nos gusta. Son esa seguridad que nos transmite una entidad o persona reconocida sobre un producto o persona que deseamos consumir para creernos con la suficiente serenidad de consumirlo. De hecho, me atrevo a decir que la civilización cristiana en la que vivimos se fundamenta en credenciales, pues el propio Cristo contaba con doce apóstoles que daban fe de su gesta.

Por tanto, un credencial es ese amigo que da buena fe de nosotros a la hora de encontrar trabajo (p.e. un credencial nuestro sería una carta de recomendación) o incluso para poder conquistar a la persona que más amas en este mundo. Sin embargo, es una herramienta que dentro del marketing se encuentra a veces económicamente manipulada. Pues en miles de anuncios de una conocida marca de lácteos vemos centros científicos y organizaciones que ofrecen credenciales relacionados con el colesterol, resfriados o incluso la menopausia, y al fin y al cabo lo que nos estamos tomando sólo es yogur... 

Debemos ser cautos con los credenciales que interactúan con nosotros en nuestra vida diaria porque pueden estar viciados, y a la vez elegir los nuestros propios de la manera más egoísta posible porque serán quienes nos representen y den fe de nosotros mismos a las personas que deseamos que nos consuman, ya que si nuestros credenciales fracasan, nuestro fracaso personal será mayor aún.  



"Creer en algo y no vivir para ello es deshonesto"
M. Gandhi.



martes, 21 de abril de 2015

Me lo prometiste!

¿Cuántas veces nos han vendido humo? ¿Cuántas veces nos han prometido la victoria y aún morimos en la batalla? ¿Cuántas veces aquellos en los que depositamos confianza y seguridad no nos han devuelto nuestras garantías? No se a ti, pero a mi me ha ocurrido millones de veces tanto política, como profesional y como sentimentalmente. Y a pesar de llevarnos ese "mal día" (por así decirlo), piensa que la experiencia te enseñará a no volver a consumir ese humo y más aún, conseguirás adoctrinar a quienes te importan a no caer en la misma trampa que un día caíste tú mediante el boca-oreja. Bueno visto así no parece tan mal, pero yo sigo igual de jodido...

Esto sirve en marketing como un indicador de calidad de una campaña publicitaria, es decir, se mide la diferencia entre las expectativas generadas y las experiencias vividas a la hora de consumir el producto, servicio o idea. Nosotros mismos somos jueces en la vida diaria con todas aquellas personas que nos rodean, pues todos hemos vivido ese típico amor fantasma que primero llamó nuestra atención con la misma curiosidad que mató al gato. Después de un par de "cafés", nos informó de todo aquello que queríamos oír para conseguir encontrar nuestro interés y despertar nuestros deseos carnales, convertirnos en sus consumidores exclusivos. Sentirnos importantes junto a esa persona, imprescindibles, únicos. Pero una vez que los adquirimos, salen defectuosos y encontramos nuestra peculiar factura sin devolución. 

Por eso es tan importante saber gestionar las expectativas que ofrecemos a aquellas personas que deseamos que nos consuman tanto sentimental como profesionalmente, por que ellos serán los jueces que con su experiencia dicten nuestra calidad. Y seguro que no te consideras un bien de mala calidad ¿cierto? Una técnica que te ayudará a gestionarte es no comunicarle a esa persona todas tus aptitudes de golpe, es decir, no darlo todo en la primera cita, pa´que nos entedamos mejor, generar suspense. Hace unos años era moda publicitaria los famosos teasers, que se trata de anuncios en los que se dejaba en suspense al espectador sobre la marca anunciada. Con ello se conseguía que se hablase del anuncio durante días, hasta el momento en el que otro spot mostraba la marca y el producto del cual se trataba. De esta forma se facilita captar la atención de quien te interesa a través de ese misterio generado.

Pero lo más importante y lo que nunca debes olvidar, es cumplir con lo prometido. Esa es la diferencia entre tu éxito o tu debacle. Y sobre todo cuestionarte cómo equilibras la promesa con la experiencia, ¿empequeñeciendo la primera o enriqueciendo la segunda?



martes, 14 de abril de 2015

El morbo de la palabra Diferenciación.


En marketing y en la vida en general no existe una palabra tan importante como diferenciación. Diferenciarse de tus competidores es lo que te hace conseguir tus metas con éxito, ya sea para atraer clientes a tu negocio o para ser el pretendiente que elija la persona que te gusta. Diferenciarse es una manera de conquistar aquello que pretendes conseguir asegurándote cierto nivel de éxito porque te hace destacar, ser diferente. Pero ojo por donde destacas, no vayas a ser tan rematadamente malo que te diferencies de los demás por eso, venga cúrratelo. 

Son varias las maneras de conseguir ser diferente, pero yo destaco dos, que se encuentran donde siempre hago hincapié: dentro de uno mismo. La primera manera eres Tú, pues son tus cualidades personales las que te hacen ser diferente de otra persona dentro de tu entorno, que te hacen ser más especial, raro, único. Haz una biografía de ti mismo y observa todos los errores que has cometido, las experiencias en las que saliste victorioso, los lugares a donde has viajado, las personas que conociste y perdiste, los que ya se fueron, este mosaico de vivencias es lo que conforma a la persona que ahora ves frente al espejo, diferente y única entre todas las demás. La segunda son tus cualidades profesionales, aquello que se te da bien hacer, búscalo y como ya dije una vez, no supondrá para ti un trabajo forzoso y agobiante desempeñarlas porque estarás haciendo y ofreciendo aquello que te gusta y que se te da bien. 

Una vez hayas captado la atención de tu cliente o de la persona que te gusta, no lo des todo en la primera cita, DOSIFICATE. Crea ese morbo, esa exclusividad que significa no saber que vendrá después y que hace que las personas que quieras atraer dentro del ámbito que sea, se enganchen a ti.

Conozco un ejemplo muy bueno que quizás te resulte un poco disparatado. Es sobre una carnicería. ¿Cuántas carnicerías pueden existir dentro de un mismo pueblo? Muchas, ¿verdad? Pero ¿Cuántas se pueden permitir el lujo de permanecer cerradas y cuando abren obtener más ingresos que las que siempre están abiertas? Tranquilo, no me he vuelto loco. Andando por mi segundo pueblo la encontré y tuve el placer de preguntarle al dueño por esta difícil forma de hacer caja. Me dijo que su propósito era ser diferente, ofreciendo únicamente sus productos cuando cuente con un lote de calidad, de manera que cuando no haya esa calidad, cierra. De esta forma conseguía mantener atentos a sus clientes, quienes a sabiendas de que los productos que se ofrecen son de muy buena calidad, hacen grandes compras, proporcionándole grandes ingresos y cero costes de almacén. ¿A que ya no parece tan disparatado? 



martes, 7 de abril de 2015

NO, fácil palabra difícil de decir.


Aprende a decir NO, niégate de quien te venda una teoría como cierta por que estarás admitiendo que tú no posees la tuya propia.
Aprende a decir NO, niégate de quien te ofrezca un amor prohibido por que un sentimiento tan puro jamás será una prohibición.
Aprende a decir NO, niégate de quien te de garantías de que siempre te irá todo bien por que dicen más de nuestra vida nuestras cicatrices que una sonrisa que pretendamos mostrar.
Aprende a decir NO, niégate de quien te diga que el camino será fácil por que seguro que éste no echó a andar en su vida.

Pero también aprende a decir NO a quienes te importan de verdad sentimental o profesionalmente, es decir, a tus hijos, padres o hermanos, a quienes amas o admiras, y también a tus jefes, por que de esta manera serás una persona más objetiva y a lo mejor no les estas ofreciendo lo que te piden, pero sí lo que realmente necesitan.

Claro que no es fácil decir que no, y más a aún a quien te quiere o a quien te paga. NO, es una palabra que hace libre y poderoso a quien la dice, y a la vez esa libertad lo hace mejor profesional, pero ¿cómo se consigue esta dichosa libertad? Es lo que en marketing se conoce como generalizarse, o dicho de otras palabras, no poner todos los huevos en la misma cesta, contar siempre con otra alternativa. Para esto hay que formarse, que nunca es tarde, o ubícate en diferentes campos, muestra a tu público objetivo, a quienes quieres que te consuman de la manera que sea todas tus facetas. Es como si un cocinero sólo ofreciese en su restaurante un único plato, podrá tener éxito con respecto a un cierto número de clientes, pero estará perdiendo al resto que también le interesa. Amplía tu menú, tu marca personal, ofrécete a todas las actividades que se te propongan sin miedo a fracasar, por que fracasar es aprender. Y si es así, antes de dar ese paso descubre aquellas facetas que te hacen ser diferente a los demás, descubre tus cualidades y ponlas en práctica. 

En ese momento y sólo entonces, no estarás sujeto a nada, serás libre, APRENDERÁS A DECIR NO.