Quisiera haber sido capaz de decirte todo lo que te quería contar, en lugar de lamentarme como lo hago ahora por no mostrarte aquello que llevaba dentro antes de nuestra despedida. No elegí momento ni lugar, mi único mensaje fue el silencio. Y qué gran mentira aquella de quien dice que grandes silencios, dicen más que grandes palabras, ¿Quién se cree eso? Por algo tenemos dos oídos, ¿no?
Aún así de nada te sirvieron los oídos si mi vergüenza, mi prudencia, mi miedo o simplemente mi no saber que decir ante aquella dura despedida que se nos venía encima, me hizo callar. Y no fue tan dura la despedida como el momento en el que me enteré de aquel siniestro plazo que se nos postraba en nuestro camino como aquella tenue figura que se le aparece al final de la carretera a aquellos protagonistas de una historia de terror.
No nos quedó otra, te tuviste que ir. Te llevaron al sitio más desconocido de la vida, donde hasta la propia vida pierde su camino. Y allí, donde quiera que sea ese lugar, se fueron las palabras que no te pude decir. En cambio aquí, los domingos perdieron su nombre.
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¿Y tú que ahora lees esto?¿Cuántas cosas no pudiste decir? Y si las dijiste y nadie te hizo caso, ¿por qué crees que no obtuviste la respuesta deseada?
Pasa muchas veces en la vida, que con las personas que nos rodean día a día hay un entendimiento fuera de lo normal. Con un simple gesto o una simple mirada la persona que la recibe nos ofrece la respuesta que deseamos. Sin embargo, cuando salimos de nuestros círculos la historia cambia...
A la hora de comunicarnos con nuestro entorno o el entorno con el que queremos conectar debemos tener claro cuál es el mensaje que queremos transmitir, por supuesto. Pero no menos importante es el canal a través del cual el mensaje es enviado a nuestro receptor. Y es que a veces obviamos el que todo el mundo nos entienda de la misma manera que lo hace la gente que normalmente nos conoce y está a nuestro alrededor. Es decir, de la misma forma que ocurre con las marcas, las personas debemos antes que nada conocer bien el comportamiento de nuestro público objetivo receptor. Por el contrario, nuestro mensaje será enviado, pero jamás obtendremos la respuesta deseada.
Primero observa y quédate con el comportamiento o personalidad de las personas o persona a la que quieras transmitir tu mensaje. Luego crea bien el mensaje, que te salga de dentro, venga que no te tiemblen las piernas. Da el salto de fe y usa el canal adecuado para que quien desees que te perciba lo haga y que además te de la respuesta deseada. Llama su atención, dile todo lo que le tengas que decir, y hazlo de la manera adecuada, usando su misma lengua, idioma, cultura, etc... y obtendrás respuesta.

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