Parecía una historia de las que se cuentan en las novelas de Johanna Lindsey la que nos tocó vivir. Típica de chico de aquí conoce a chica de allá y les toca vivir un sin vivir romántico entre un puñado de kilómetros. No está del todo mal el vivir de kilómetro en kilómetro si merece la pena, como me ocurre en la actualidad, pero en aquella época lo veía prematuramente imposible. Y quizás eso fue lo que te hizo cambiar.
Sí, cambiar. O quizás siempre fuiste así. El caso es que en nuestro relato, el tiempo escribió demasiada desolación mezclada con demasiada desconfianza. No sé como explicarlo, una especie de tira y afloja en el que una vez te fallaba yo, y en el siguiente capítulo me fallabas tú. Y no sólo eso, sino que parece que nos sentíamos atraídos por cada catastrófico capítulo que estaba por escribir. Que exceso de masoquismo, ¿no?
Cuando parecía que la novela terminaba en puntos suspensivos, cometí la estupidez de desenfundar la endemoniada pluma y al parecer, te tocó a ti ser la artífice de la certera estocada que me tocó vivir. Pero esta vez ha sido completamente distinto a las demás, ya no me queda esperanza alguna, ni ganas de vivir un nuevo capítulo. Ésta vez, "gracias" a que recibí tu derechazo, soy yo quien por fin decide pasar página. Comprendí que nunca fui protagonista en tu historia, sino que era uno más. Que al igual que le pasó a los demás, yo solo era un personaje secundario que aparecía de vez en cuando para rellenar algunas páginas. Descubrí que no era yo, ni los demás, por lo que te sentías atraída. Era la historia, la propia novela de terror-"amor" que estabas escribiendo en tu mundo de fantasías lo que te importaba...
***
En una sociedad tendente a estandarizarse, cada vez es más importante diferenciarnos de la gente que nos rodea para poder resaltar sobre la mayoría. Como cuando un personaje famoso aparece con un peinado que le favorece y en el fin de semana siguiente, en cualquier discoteca ves a la mayoría de los chicos con el mismo tupé o barba de varios días. No digo que no debamos ir a la moda, ni mucho menos. Sólo que en mi opinión, hacer lo mismo que hacen todos te hace dejar de ser único aparentemente hablando. Lo mismo ocurre en la faceta profesional de la persona, ya que nuestra sociedad se encuentra bien formada profesionalmente.
Por eso es importante la promoción personal a través de la percepción que los demás tienen de uno. Lo que conocemos como Marca Personal o Personal Branding, que surgió como un método para buscar empleo, ahora se utiliza cada vez más en las relaciones interpersonales. De la misma manera que ocurre con las empresas, tu marca personal debe ser elaborada, transmitida y protegida, con ánimo de diferenciarse y conseguir mayor éxito en las relaciones personales y profesionales.
Cuando los seres humanos disfrutan de las mismas cualidades, las personas comienzan a ser percibidas como si de un puñado de marcas blancas se tratase. Tu tarea es evitar que eso ocurra. Y hoy en día poseemos un amplio abanico de posibilidades de conseguirlo, gracias a las redes sociales y otras plataformas de Internet. Puedes promocionar quien eres o aquello que haces de la manera más sencilla y personal posible, empleando simplemente nuestras vivencias del día a día. No necesitas revanarte los sesos para conseguir que tu público objetivo te siga. Comparte tus ideas, tu música, fotografías y vivencias que marquen claramente quien eres y qué es lo que te gusta. Lo primero es creerte que eres único, por que lo eres, y segundo demuéstralo con tus hechos.
Una vez conseguido procura que la relación entre tu marca personal y quien la consuma sea duradera, recíclate y adáptate a tu entorno. Pero sobre todo procura que dicha relación sea beneficiosa para ambos. Ofrece aquello que demanda quien te interesa, pero ojo, intenta que no sólo sea tu contenido, tu historia lo que enamore. Sino que seas TÚ.

No hay comentarios:
Publicar un comentario