Comienza como un sueño. De pequeño añorabas a Arnold o Dorian Yates, querías ser uno de ellos. Pero era un sueño demasiado caro para un chaval humilde de un pequeño pueblo al sur de España, no obstante querías realizarte.
Contra viento y marea, luchabas por ir cumpliendo paso a paso tu sueño, incluso a base de desacuerdos y disputas con aquella que te dio la vida, lo tenias claro "Sólo quien entiende mi locura, comparte mi pasión". Y eso precisamente hiciste.
Nadie te regalaba nada. A base de esfuerzo comenzaste a estudiar la carrera que te abrirá la puerta en el futuro para aconsejar a aquellos que quieran cuidar su físico, era tu dedicación. Trabajabas para financiar tus estudios bajo la tutela de un tirano que te obligaba a cumplir horarios incumplibles, sin embargo era un gimnasio como el que algún día tú serás dueño y eso calmaba tu fatiga.
Llegó el momento de lanzarse al precipicio. Familiares y amigos apoyan tu negocio, parece que ya tienes la localización de donde estará situado. En tu mente la esperanza que un día comenzó ha echar hojas, ya comienza a florecer. Y lo hace.
Una mañana despiertas y abres tu negocio, ahora todos los meses de obras, inversiones, lágrimas a escondidas, esfuerzo y superación quedan atrás. Pero tu sed de superación no queda ahí, ahora eres uno mas en la competencia y quieres ser el mejor de tu localidad. Buscas maquinaria nueva y personalizada, tu amigo culturísta profesional ofrece credenciales a tu negocio y lo consigues, te posicionas como el mejor.
Pero un día la historia cambia. No deja de estar ese brillo en tus ojos, pero tu mirada parece desafiante. Entra un chaval en tu gimnasio, está gordito y no se siente feliz con su cuerpo. Te pide ayuda y se la das. El chaval busca un punto de apoyo en ti, no sabe nada de este mundo, solo quiere verse bien en el espejo, nada más. Pero tú parece que has olvidado tu procedencia y lo desprecias, le enseñas como funcionan tres o cuatro máquinas para que haga algo y cada vez que él te pregunta algo sobre dietas o ejercicios lo ridiculizas. Y así como él, vienen muchos otros, son personas normales que vienen a hacer ejercicio y aprender sobre su físico, no son gurús de la materia. Enséñales, no los desprecies.
Pasas los días sentado en tu ordenador con el gesto fruncido observando como la gente busca consejo entre tus antiguos clientes en lugar de preguntarte a ti, te ignoran a ti y a tus malas palabras, gritos y broncas. En tu mente piensas que nunca llegarán a nada y eso parece que te hace sentir bien, pero es que a ellos les da igual, sólo quieren mejorar y no quitarle el puesto a Arnold.
Continúa esta dinámica de desprecios y malos gestos. Son muchos los que se van. Son muchos los que no hablan bien de ti. Son muchos los que te miran con pena desde el otro lado de tu mostrador, porque comprenden que eres un suicida dentro de tu propio sueño. Baja el número de personas que entra en tu establecimiento, bajan los ingresos.
El trato exclusivo y amable sólo lo ofreces a aquellos musculitos que piensas que son dignos y quizás alcanzaste la cima, pero en ella vives solo con tu hipócrita ignorancia. Sigues sin darte cuenta del daño que te has hecho, de aquellos que se han ido y amigo mio, comienza la cuesta abajo sin frenos, comienza el derrumbe de tus sueños... Aún estás a tiempo de abrir los ojos y reaccionar, pero te ciega la rabia.
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Tanto personal como profesionalmente, aquellas personas que nos consumen (a nosotros o a nuestros productos/servicios) son el combustible de nuestros ingresos bien en moneda o en satisfacción.
No basta con ofrecerles el mejor producto a mejor precio, tienes que hacerles sentir que son las personas más importantes del mundo cuando se disponen a demandarte algo. Lo difícil es atraerlos y mantenerlos.
Una buena gestión de nuestros clientes tanto profesionales como personales se basa simplemente en la forma que tenemos de comunicarnos con ellos tanto para atenderles como para solucionarles sus problemas y dudas. Ya que por término medio, un consumidor descontento habla mal de tu producto a un promedio de 10 personas para mostrarles su disgusto y advertirles que no compren tu producto.
Para obtener una buena gestión:
- No ignores. Si estas ocupado haciendo otra tarea o atendiendo a otro cliente, al menos dirige la mirada al cliente que entra en la tienda y dedícale una sonrisa.
- Buen trato, aunque el cliente sea descortés.
- Respeto, en todo momento.
- Solución de problemas. No des un no por respuesta, ofrece soluciones y alternativas.
- Brevedad. No seas aburrido, cumple tu función de manera rápida y efectiva.
En el siguiente vídeo se muestran algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de realizar un correcto trato con nuestro cliente a través del lenguaje corporal, no te lo pierdas.

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